Quiero que sepas, que no te odio.
Aún cuando lloré, grité, golpeé y me dejé caer una y otra vez a tu nombre, no te odio. Era mi forma de liberarme del dolor. Y, además, estaba enojada. Enojada conmigo misma.
Creativa, mentora y formadora de pequeños escritores. Gruñona, dormilona y soñadora empedernida. Lunática hasta los huesos, lectómana y Noctámbula. Me paso la vida soñando despierta.